La injusta reforma de las becas universitarias

Datos frente a mitos
Artículo de Opinión por Manuel Río, Manuel Caro y María Luisa Jiménez en El Correo de Andalucía, el 30/07/2012

El Gobierno acaba de implantar una reforma del sistema universitario de becas que coincidirá con recortes en el número de estas ayudas y con el endurecimiento de las exigencias académicas para acceder a ellas y preservarlas. Se emprende bajo el pretexto, recogido en el borrador de la reforma, de la “búsqueda del esfuerzo académico, la responsabilidad y la excelencia”. Esgrime el Gobierno que el sistema de becas hasta ahora vigente desincentiva el esfuerzo estudiantil, algo que no puede mantenerse “en un marco de austeridad presupuestaria”. Pero ¿es cierto que el sistema de becas desincentiva el logro académico? Los indicadores estadísticos disponibles y nuestra investigación sociológica, basada en entrevistas a este tipo de estudiantes, desmienten un discurso oficial injustamente propagado y sustentado, en vez de en datos, en dos mitos centrales. Primer mito: para otorgar una beca universitaria apenas se exige esfuerzo. Frente a las declaraciones del ministro Wert, quien afirma que “es el nivel socioeconómico el que determina la beca y prácticamente no hay condicionamiento en el otorgamiento y la continuidad de la misma respecto al rendimiento”, las becas universitarias han venido exigiendo una condicionalidad académica para su mantenimiento. A saber: aprobar el 80% de los créditos matriculados en la generalidad de las carreras, exceptuando ingenierías. El umbral de logro académico al que se somete a los becarios supera el rendimiento medio ofrecido por el conjunto del estudiantado universitario, que se sitúa en un 65% de créditos superados. Segundo mito: las becas fomentan la mediocridad. Según Wert, al alumnado “le da exactamente igual sacar un sobresaliente que un cinco”. Sin embargo, los datos apuntan nuevamente a que el aprovechamiento académico del becariado supera al del conjunto del estudiantado universitario: de media aprueban un 14% más de créditos, elevándose ese porcentaje en becarios de ciencias sociales, ciencias y humanidades. Además de rendir más, son en su mayoría estudiantes sumamente responsables frente a la percepción de dinero público, mostrándose conscientes de la oportunidad que significa obtener una beca, en plena crisis económica, para emprender y continuar proyectos educativos que de otra manera serían imposibles. Los recortes que se avecinan en el sistema de becas, unidos a una subida de las tasas de matrícula, reducirán las posibilidades educativas del alumnado con menos recursos, tanto a la hora de entrar como de continuar en la universidad. El Vicerrectorado de Estudiantes de la Universidad de Sevilla ha estimado que un 43,6% del estudiantado becado verá reducida su beca y un 17,9% la perderá por completo. En suma, la excusa del esfuerzo y la excelencia académica, además de basarse en diagnósticos erróneos de la realidad, es injusta, pues eleva las exigencias académicas sólo a quienes más dificultades económicas atraviesan.


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