Concepto de Clases de edad / generaciones

Diccionario Crítico de Ciencias Sociales

Autoras/es: 
Enrique Martín Criado
Publicado en: Reyes, Román. (dir.) Diccionario crítico de ciencias sociales, volumen 1, Plaza y Valdés, Madrid.
Año de publicación: 2009
Páginas: 345-350.
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Citar como: MARTÍN CRIADO, E., 2009, “Clases de edad / generaciones” en REYES, R. (dir.): Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, volumen 1, Plaza y Valdés, Madrid; pp. 345-350.

Los conceptos de generación y clase de edad son herramientas fundamentales para cualquier sociología de las edades -de la juventud, de la vejez…-, que, renunciando a la identificación de la edad biológica con la edad social, se plantee la producción social de las edades.

Buena parte de la investigación sociológica, en efecto, suele tomar, sin mucha reflexión, la edad como simple variable independiente: la edad sería la variable estadística soñada. La relación simple y unidireccional de esta variable con las “variables dependientes” -ideología, voto, “actitudes”, etc.- identifica, sin más, la contemporaneidad cronológica -el hecho de pertenecer a la misma cohorte- con la identidad social. Esta identificación abusiva, o bien no suele explicitar sus presupuestos -funcionando así sobre una ideología implícita e incontrolada de los estadios de la vida (v.gr.: los jóvenes son impulsivos, idealistas, irreflexivos…)-, o bien justifica esta identificación recurriendo principalmente a dos argumentos: a) una naturaleza psicológica asociada a cada estadio de la vida -así, la “psicología del joven”-; b) una identidad de condiciones de existencia para todos los pertenecientes a la misma cohorte.

El primer argumento no necesita mucho comentario: cae en el error típico de “sustancialización psicologista”: partir de presuntas “naturalezas psicológicas” para explicar los fenómenos sociales, en vez de plantearse la producción social -es decir, social e históricamente diferenciada- de los sujetos.

En cuanto al segundo argumento, será discutido en lo que sigue a continuación. Nuestro argumento principal es: hay que plantearse la construcción diferencial de las edades y de los sujetos a partir de las dinámicas sociales que los originan: dinámicas que nos remiten, fundamentalmente, a las luchas por la reproducción social de las posiciones, de los distintos grupos sociales. De esta manera, hay que distinguir claramente el concepto de “cohorte” -mera contemporaneidad cronológica, identidad de edades biológicas-, de los de “generación” y “clase de edad”:

El concepto de “generación” nos remitirá a la problemática de la producción de diferencias entre los miembros de diferentes cohortes de un grupo social cuando cambian las condiciones materiales y sociales de existencia y de reproducción de ese grupo.

El concepto de “clase de edad” nos remite a la categorización que se establece, en el seno de cada grupo, en función de la edad. Trazado de fronteras entre distintas condiciones asociadas a la edad -“joven”, “adulto”, “viejo”….-, cada una con una serie de derechos, obligaciones, comportamientos, en fin, “esencias sociales” asignadas, que hay que explicar, no a partir de “naturalezas psicológicas”, sino a partir de las condiciones de reproducción social de cada grupo y de las luchas que se producen en su seno a propósito del tempo de la sucesión.


I. Generación

Dos autores son fundamentales para abordar teóricamente el concepto de generación: Karl Mannheim y Pierre Bourdieu.

El concepto de generación es tratado de forma sistemática, por primera vez en la sociología, por Karl Mannheim. Dos aportaciones del autor alemán son fundamentales en el planteamiento del problema:

a) una generación no es un grupo concreto, sino un grupo delimitado por compartir unas mismas condiciones de existencia:

“la unidad de una generación no es un lazo social que tienda a la constitución de grupos concretos, incluso aunque pueda ocurrir ocasionalmente que la unidad de la generación se convierta en el fundamento consciente y unificador de la formación de grupos concretos” (Mannheim, 1990:41)

“A las unidades de grupos concretos se opone el fenómeno de la situación análoga de los hombres en el espacio social -un momento del análisis donde situación de clase y conjunto generacional son análogos.

“Nuestro primer paso en el análisis consiste por tanto en oponer el fenómeno de la situación a la formación de ‘grupos concretos‘; y debería estar claro que el conjunto generacional reposa sobre una situación análoga en el espacio social de individuos que pertenecen a una misma generación” (op. cit., p. 43).

b) la contemporaneidad cronológica no basta para formar generación.

“La contemporaneidad del nacimiento, de hacerse joven, adulto, viejo, no es constitutiva de la situación común en el espacio social; es por el contrario en primer lugar la posibilidad que se sigue de participar en los mismos acontecimientos, en la misma vida, etc. y, más aún, de hacerlo a partir de una misma forma de estratificación de la consciencia. Es fácil demostrar que la contemporaneidad cronológica no basta para constituir situaciones de generación análogas. (..) No se puede hablar de una situación de generación idéntica más que en la medida en que los que entren simultáneamente en la vida participen potencialmente en acontecimientos y experiencias que crean lazos. Sólo un mismo cuadro de vida histórico-social permite que la situación definida por el nacimiento en el tiempo cronológico se convierta en una situación sociológicamente pertinente. Además, hay que tomar en consideración aquí el fenómeno de la estratificación de la experiencia” (Mannheim, 1990:52-53)

A partir de estas citas, ya podemos ver lo que es fundamental para Mannheim: las condiciones materiales y sociales a partir de las cuales se producen los individuos. Distinguir estas condiciones nos lleva a descartar cualquier concepto de generación que sea puramente cronológico: hay que tener en cuenta también la situación en la estructura social. Y ello por dos razones:

a) porque las experiencias que producirán los sujetos serán distintas según la posición en el espacio social.

b) porque estas experiencias tendrán efecto distinto sobre los sujetos en función de sus distintos habitus (formas de “estratificación de la conciencia”, en palabras de Mannheim) que también difieren según el origen social.

En Mannheim nos encontramos ya, por tanto, con unas precisiones conceptuales que rompen con cualquier intento de hablar de una generación que abarcase a todo el espacio social. Asimismo, en él encontramos las razones por las que el concepto de generación es fundamental: nos remite a las variaciones en el tiempo de las formas de producción de individuos -variaciones que no se deben al tiempo en sí mismo, sino a la variación de las condiciones sociales y materiales-. Y estas variaciones cobran relevancia por la importancia de los primeras etapas de la vida en la producción del individuo: en la “estratificación de la experiencia”: su formación supone unas determinaciones negativas y positivas sobre lo perceptible, sobre lo pensable, sobre lo factible:

“la situación de clase y la situación de generación (pertenencia a clases de edad vecinas) tienen en común circunscribir, por el hecho de su situación específica en el espacio socio-histórico, a los individuos en un campo de posibles determinado y favorizar así un modo específico de experiencia y de pensamiento, un modo específico de intervención en el proceso histórico. Cada situación descarta por tanto de entrada un gran número de modos de experiencia, de pensamiento, de maneras de sentir y de actuar posibles y restringe el margen de juego de los efectos de individualidad a posibilidades precisas y limitadas. Pero no está todo todavía cubierto con esta delimitación negativa. Positivamente, a cada situación le es inherente una tendencia a un modo de comportamiento, una manera de sentir y de pensar determinadas, tendencia que el sociólogo debe aprehender a partir del peso específico de la situación. En este sentido, hablaremos por tanto ahora de una tendencia inherente a cada situación, definible a partir de la especifidad de la propia situación.” (Mannheim,1990:45)

Retraduzcamos lo que dice Mannheim en términos de la teoría de Bourdieu: no podemos hablar de generación más que en la medida en que se comparta, además de una contemporaneidad cronológica, una misma situación en el espacio social -que comporta unas mismas condiciones materiales y sociales de producción de individuos-. Esta coincidencia social y temporal -hallarse en la misma situación del espacio social en la misma época- supondrá una producción similar de habitus.

Bourdieu planteará el problema en estos términos: las diferencias de generación son diferencias en el “modo de generación” -es decir, en las formas de producción- de los individuos. Estas diferencias en el modo de generación no afectan, en un momento determinado del tiempo, a toda la sociedad, sino que se limitan, en cada momento, a grupos y campos concretos. Y es que estas diferencias en el modo de generación nos remiten a las diferentes condiciones materiales y sociales de reproducción de los grupos sociales.

El tiempo, por tanto, no es una variable independiente, sino que su eficacia no es otra que las de las variaciones estructurales del campo de producción de los agentes. En una sociedad completamente estática, en la que las condiciones sociales y materiales con que se encuentran los nuevos miembros son idénticas a las que se encontraron los viejos en su tiempo, no habría diferencias de generación: las diferencias entre “jóvenes” y “viejos” serían meras diferencias de clases de edad.

Cuando cambian las condiciones de reproducción de los grupos sociales y, por tanto, las condiciones sociales y materiales de producción de nuevos miembros, es cuando se producen diferencias de generación: los nuevos miembros son generados de manera distinta -tanto como sujetos competentes (cognitiva y pragmáticamente) como como sujetos morales-:

“Una clase o una fracción de clase está en decadencia, y por consiguiente orientada hacia el pasado, cuando no está en condiciones de reproducirse con todas sus propiedades de condición y de posición, y cuando, para reproducir su capital global y mantener su posición en el espacio social (la de su familia de origen o su posición presente), sus miembros más jóvenes, en una proporción importante, tienen que realizar por lo menos una reconversión de su capital, que se acompaña con un cambio de condición, marcada por un desplazamiento horizontal en el espacio social: cuando, en otros términos, la reproducción de la posición de clase llega a ser imposible (desclasamiento) o no se cumple si no es mediante un cambio de fracción de clase (reconversión). En ese caso, la transformación del modo de generación social de los agentes determina la aparición de generaciones diferentes, cuyos conflictos no se reducen a aquello que normalmente se inscribe en los conflictos generacionales, puesto que tienen por principio la oposición entre los valores y los estilos de vida asociados al predominio en el patrimonio del capital económico o del capital cultural.” (Bourdieu, 1988: 464-5)

No es posible, por tanto, trazar generaciones más que a partir del conocimiento de la historia específica del campo: la eficacia del tiempo es la eficacia de las variaciones estructurales del campo de producción de sujetos: del campo de reproducción de las posiciones de los grupos sociales:

“La historia estructural de un campo (ya se trate del campo de las clases sociales o de cualquier otro) constituye en períodos la biografía de los agentes que en él se encuentran comprometidos (de suerte que la historia individual de cada agente contiene la historia del grupo al que pertenece); en consecuencia, no es posible separar en una población unas generaciones (por oposición a unas simples clases de edad arbitrarias) si no es sobre la base de un conocimiento de la historia específica del campo en cuestión: en efecto, únicamente los cambios estructurales que afectan a ese campo poseen el poder de determinar la producción de generaciones diferentes, al transformar los modos de generación y al determinar la organización de las biografías individuales y la agregación de esas biografías en clases de biografías orquestadas y sometidas a un ritmo según el mismo tempo. Aunque tenga como efecto el sincronizar durante un tiempo más o menos largo los diferentes campos y el confundir, por espacio de un momento, la historia relativamente autónoma de cada uno de esos campos en una historia común, los grandes acontecimientos históricos (revoluciones o cambios de régimen), que lo más a menudo son utilizados como puntos de referencia en la periodización de los campos de producción cultural, introducen con frecuencia unos cortes artificiales y desaniman en la búsqueda de las discontinuidades propias de cada campo.” (Bourdieu, 1988: 465-6)

De todo lo anterior se deduce que hablar en términos de generaciones que abarcarían a toda la sociedad generadas por una serie de acontecimientos fundadores -una guerra, una crisis económica, la extensión del sistema escolar, etc.- que afectarían por igual a todo el espacio social es un error. Porque estos acontecimientos -aún los más brutales y, en principio, más globalizantes, como las guerras- tienen efectos muy distintos según la estructura del campo y la posición en el espacio social en que se hallen los sujetos. En vez de partir de totalizaciones -“la generación del 68”, etc.- buenas para los relatos periodísticos, pero nefastas para los sociológicos, lo que hay que plantearse es los efectos, en cada campo particular, y para cada grupo de agentes, de un acontecimiento que en principio abarca a todo el espacio social.
Asimismo, se deduce de lo anterior que para entender los famosos “conflictos de generaciones” no habría que aludir a ningún tipo de invariante psicológica universal: por el contrario, estos conflictos deberían explicarse a partir de las variaciones en los modos de generación de los sujetos en un campo determinado -las variaciones en los modos de reproducción social de los grupos sociales-.

I.1. Delimitación de generaciones

Definidas las generaciones por las diferencias en el modo de producción de los sujetos en el interior de un campo o de un grupo social, nos encontramos con un problema: ¿cómo delimitamos las generaciones, tanto en el espacio social como en el tiempo?

En el espacio social: ¿cómo delimitamos un grupo social definido por unas mismas condiciones de existencia?

En el tiempo: los cambios en las condiciones materiales y sociales de existencia son paulatinos, no bruscos: así, los cambios en el sistema escolar -aumento de la población estudiante y desvalorización de los títulos escolares- o en el sistema productivo -crecimiento del paro, precarización del empleo- no son cambios bruscos, que podamos circunscribir a una fecha concreta.

Es el problema del paso de lo analógico a lo digital. Paso que nos remite a la paradoja de Eubúlides: ¿cuántos granos de trigo forman un montón de trigo?

Las paradojas se resuelven mediante un acto de violencia. Este lo puede llevar a cabo el sociólogo, en su construcción del objeto; o los grupos sociales, en la dinámica de construcción política de grupos.

El sociólogo: la delimitación de fronteras generacionales dependerá de las categorías que el sociólogo estime pertinentes y del grado de restricción o amplitud en la consideración de lo que son condiciones sociales y materiales homogéneas:

“si se adopta una definición precisa de la pertenencia a una misma clase de condiciones de existencia, no se pueden delimitar generaciones más que en el interior de un grupo estrechamente definido (clase o fracción de clase especificada por la profesión y/o el sexo, región, etc…) o en un campo precisamente definido del espacio social (campo político, campo de producción cultural). Pero se puede, a la inversa adoptar una definición fluída (..) Es decir, que la extensión de una generación en el espacio social puede variar de un grupo restringido de pretendientes en tal o cual campo (vanguardias literarias o artísticas) a la cuasi-totalidad de una clase de edad (como, en caso de guerra, en la movilización de los soldados de un contingente) en función de la definición adoptada de la pertenencia a un mismo ‘cuadro de vida histórico-social’: de la entrada en el mismo momento en una misma profesión (que supone un mismo ‘modo de generación’) a la simple participación en un mismo ‘acontecimiento-fundador’ (como una guerra o una crisis política: la guerra de Algeria o Mayo 68), de la confrontación a una misma situación (la crisis del mercado de empleo, por ejemplo) de toda una clase de edad, a la situación específica de los titulares del mismo sexo de tal categoría de diploma.” (Mauger, 1990: 11)

Pero la división de generaciones también es realizada por los propios grupos sociales en las luchas políticas por las posiciones y por la apropiación de diversas especies de capital que son siempre, en una de sus dimensiones, luchas simbólicas por construir los grupos, por trazar las fronteras entre unos grupos y otros. En el caso de las generaciones, esta delimitación de fronteras se realizaría entre los “viejos” y los “jóvenes” y nos remitiría a las luchas por la sucesión en el interior de un campo social. Los atributos conferidos a cada grupo construido dependerían de la posición en el campo: así, los “viejos” legitimarían su posición de poder remitiéndola a los valores de “sabiduría”, “madurez”, “experiencia”, “cordura”, rechazando así a los jóvenes a los polos de la locura, del idealismo, de la irresponsabilidad, de la irreflexividad. Por su parte, los “jóvenes” trazarían un cuadro inverso: la sabiduría, la prudencia, la experiencia de los viejos se convertirían en “conservadurismo”, “arcaismo”, “senilidad”: no serían seres “completos”, sino “acabados”, “estancados” frente a las “nuevas ideas”, a la “evolución”, al “progreso”…

En resumen: para hablar de generaciones tenemos que conocer previamente la historia concreta del campo concreto: la historia de las variaciones en las condiciones sociales y materiales de reproducción de los distintos grupos sociales: de producción de sus miembros. El tiempo no es una variable independiente: su eficacia depende de las variaciones estructurales del campo. La extensión en el espacio social e histórico de una generación dependerá de las categorías del observador y de la extensión o restricción de lo que se entienda como “homogeneidad de las condiciones de existencia”. En todo caso, lo que no puede hacer es partir del principio de alternancias generacionales que afectarían a todo el conjunto de la sociedad: lo que se estaría haciendo en este caso es dejarse llevar por las construcciones simbólicas de la realidad de aquellos grupos que, mediante un trabajo político-simbólico de construcción de grupos -mediante la construcción de representaciones de las fronteras entre grupos- impondrían la visión de su alternancia generacional particular como alternancia generacional general.


II. Clases de edad

Conceptualmente distinta de la noción de “generación” es la de “clase de edad”. Mientras que la primera nos remite a las variaciones estructurales en el tiempo, dentro de un campo, de los modos de generación de sujetos; la segunda nos remite, en un momento del tiempo, a la división que se opera, en el interior de un grupo, entre los sujetos, en función de una edad social: definida por una serie de derechos, privilegios, deberes, formas de actuar… -en suma, por una ‘esencia social’- y delimitada por una serie de momentos de transición -que difieren históricamente: matrimonio, servicio militar, primera comunión, certificados de escolaridad…-. A su vez, cada grupo social establece una serie de normas de acceso -más o menos codificadas y ritualizadas en forma de “ritos de paso”- de una clase de edad a otra.

Esta división de clases de edad, por tanto, es variable históricamente: no depende de una serie de “naturalezas psicológicas” previas, sino que se construye en el seno de cada grupo social en función de sus condiciones materiales y sociales y, sobre todo, de sus condiciones y estrategias de reproducción social.

Desde este punto de vista, la división en clases de edad no es algo que el investigador pueda imponer desde fuera a su objeto de estudio a partir de unas categorías de división previas. Por el contrario, debe comenzar por delimitar grupos sociales -con los problemas de categorización que esto comporta y que hemos señalado más arriba- y, en el interior de estos, en sus dinámicas de reproducción social, reconstruir las dinámicas de construcción de clases de edad. Lo que implica, frente al “olvido” corriente de las clases sociales en la mayoría de los estudios de sociología de las edades, analizar siempre las clases de edad en relación con las dinámicas de reproducción de las diferencias sociales, de las relaciones de dominación entre unas clases y otras:

a) En primer lugar, la división de clases de edad diferirá, tanto en extensión, como en contenido y sentido, según los campos, las clases sociales y las fracciones de clase:

“A las nociones vagas de ‘familia‘, ‘escuela‘, ‘trabajo‘, utilizadas para construir el esbozo de un ‘prêt-à-porter’ biográfico, hay que reemplazarlas por las de las posiciones ocupadas en el espacio sociológicamente construido de las familias, de las posiciones ocupadas en tal o cual red de la escuela, de las posiciones ocupadas en la división capitalista del trabajo. Y, como la sucesión de las posiciones ocupadas en el espacio de las familias, en el campo escolar, en el campo de la división del trabajo no se opera al azar (..) hay que sustituir el ‘prêt-á-porter’ biográfico inicial por haces diferenciados de trayectorias biográficas: trayectorias biográficas de clases. (…) A diferencia, por tanto, de una periodización biológica o psicológica de las edades de la vida, que define respectivamente una ‘juventud biológica‘ y una ‘juventud psicológica‘, categorías naturales, universales y estables, una periodización sociológica no puede definir la categoría de juventud como edad de la vida más que clase social a clase social, sexo a sexo, en una sociedad determinada, en una época determinada.” (Mauger, 1986: 50)

b) En segundo lugar, al ser la definición de las clases de edad función de las condiciones estructurales de la reproducción social de las diversas fracciones de clase, cualquier delimitación, por parte del investigador, de una construcción determinada de las clases de edad no será más que la congelación sincrónica de un proceso de continua redefinición, negociación.

c) En tercer lugar, hay que tener en cuenta que buena parte de las luchas simbólicas -que son siempre luchas políticas- son luchas por la definición de los grupos, de las fronteras que dividen los grupos. Y que el rigor o la fluidez en esta definición de las fronteras constituyen apuestas sociales. El conflicto entre sucesores y detentadores del poder en un campo -‘jóvenes’ y ‘viejos’- es un conflicto por la definición de la frontera.


BIBLIOGRAFIA

BOURDIEU, Pierre, 1988, La distinción. Taurus. Madrid.
CASTEL, Robert, 1995, Les métamorphoses de la question sociale. Une chronique su salariat. Fayard. Paris.
MANNHEIM, Karl, 1990, Le problème des générations. Nathan. Paris. (ed. orig., 1927)
MAUGER, Gérard, 1986, “La categorie de jeunesse. Essai d’inventaire, de classement et de critique de quelques usages courants ou savants”, en PROUST, François (ed.), Les jeunes et les autres. Contribuions des sciences de l’homme à la question des jeunes. Centre de Recherche Interdisciplinaire de Vaucresson.
– 1990, “Unité et diversité de la jeunesse”. Journées d’études franco-allemandes. “Les mutations de la jeunesse et de ses représentations en France et en Allemagne dans les années 80”. Deutsches Jugend Institut, “Jeunesses et Sociétés”. OFAJ. Vaucresson, 25-26-27 octubre 1990.
THEVENOT, L, 1979, “Une jeunesse difficile. Les foctions sociales du flou et de la rigueur dans les classements”. Actes de la Recherche en Sciences Sociales, n° 26-27, pp. 3-18.

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