Discrepancias sobre el uso de “la marcha atrás” como método anticonceptivo


Periódicamente se publican datos oficiales sobre el uso de anticonceptivos, pero ¿cómo se construyen esos datos?, ¿qué aportan y qué ocultan los datos sobre temas tan complejos, sensibles e íntimos producidos a través de encuestas?, ¿qué información obtendríamos si utilizáramos otras técnicas?

Centrémonos en un método tradicional, la marcha atrás. ¿Qué sabemos sobre el tema? los datos cuantitativos informan de un pronunciado descenso del uso de la marcha atrás en España, pasando del 21,6% en 1977  a un escueto 3,5% en 2009.

¿Significa eso que solo 4 de cada 100 parejas usan la marcha atrás como método anticonceptivo? Las entrevistas en profundidad nos dan una imagen bien diferente: la de un recurso aún vigente en diferentes situaciones y grupos sociales. Unos nos cuentan que “vienen de una marcha atrás” mientras otros defienden que es lo más cómodo y placentero. La ‘marcha atrás’ es un método tradicional utilizado de forma esporádica con la pareja estable, casi a cualquier edad, y, de manera continuada, entre algunos grupos poblacionales concretos.

Las mujeres insisten en sus inconvenientes al tiempo que relatan sus experiencias y las de sus familiares:

M5: Mis padres supuestamente hacían la marcha atrás y somos seis hermanos.
M1: La marcha atrás mismo ¿quién no ha hecho aquí la marcha atrás alguna vez? (ríe).
M5: Yo mi marido empezaba: parece que me he corrido un poquito dentro, se me ha salido, no estoy seguro…Digo: no, aquí no hay marcha atrás nunca más.
-M2: Para eso mi marido es…vaya… (todas hablan).
-M1: Yo vengo de una marcha atrás, de un chispeo [mis padres usaban] preservativo en la pandilla y una vez que hicieron la marcha atrás, aquí estoy yo.
-M4: Es que es eso, mi suegra le pasó lo mismo

(Mujeres, 30-33 años, trabajadoras)

Las personas entrevistadas suelen usar condones en los primeros encuentros sexuales para ir prescindiendo de ellos cuando la relación se estabiliza mínimamente. Entonces, o bien se combina el condón con la ‘marcha atrás’ o bien se cambia a la píldora, dependiendo de la edad, la estabilidad de la relación y la incorporación de la lógica preventiva. La ‘marcha atrás’ posee una fuerte carga simbólica y facilita la espontaneidad al tiempo que aumenta la excitación.

HF: Por el placer de lo prohibido ¿no? De hacer lo que no se debe, igual que los que toman drogas, igual que te tomas algo. O sea ¿por qué lo haces?, porque no se debe, ¿por qué follas sin condón?, porque está prohibido. O sea, porque realmente sé que me arriesgo, y el riesgo me gusta. Disfruto de hacer el coito interruptus para no dejar embarazada a la chica… como que tienes que estar atento y eso te excita más ¿no?
HG: Yo creo que el riesgo excita a muchas, a mucha gente le excita…

(Hombres, 22-27 años, universitarios)

Situaciones como el ‘calentón’ que reclaman soluciones inmediatas, contribuyen a la extensión del uso de la marcha atrás. Sólo tras algunos sustos (y, en ocasiones,  la píldora del día después)  o un mayor compromiso entre la pareja se realiza el tránsito a la píldora. Ya en la edad adulta, los descansos de la píldora (en caso de parejas estables), los olvidos y descuidos en su ingesta y los encuentros íntimos inesperados con conocidos, dibujan las situaciones más comunes en que las mujeres mantienen relaciones sexuales sin cobertura anticonceptiva moderna. Confianza, fidelidad, placer, espontaneidad…contribuyen a explicar la vigencia de la tradicional ‘marcha atrás’, desde una cuestionada visión romántica de la sexualidad.

La discrepancia entre los datos cuantitativos y los discursos se debe tanto a las características del objeto de estudio como de las técnicas. El objeto de estudio es un objeto íntimo y personal, además de cambiante. Las encuestas sobre prácticas anticonceptivas intentan medir una realidad dinámica, que cambia con la edad, con el tipo y la duración de la relación, con los encuentros esporádicos, con el estado de salud, con los nacimientos, separaciones y divorcios, con la situación de embriaguez, euforia… Probablemente, el método utilizado de forma más inconsistente –y, por tanto, el más difícil de medir- sea la marcha atrás; su uso suele ser esporádico y en combinación con otros métodos.

La técnica de encuesta presenta varios problemas para abordar el estudio de las prácticas anticonceptivas. La noción de anticoncepción es equívoca y los resultados están en función de la forma de las preguntas y de las definiciones que se manejen. El diseño de la encuesta: la definición de la base poblacional, la formulación de las preguntas y el efecto de legitimidad provocado por la situación de encuesta, contribuyen a explicar la discrepancia entre las tasas alcanzadas para el mismo país en breves intervalos de tiempo. Además, el análisis comparativo revela que las distancias en prevalencia entre los diferentes países comparados son más discretas de lo que parecen a primera vista.

Las discrepancias entre la información cuantitativa y cualitativa se centran en el tipo y la calidad de la información. El recurso a la marcha atrás suele ser esporádico. Se usa preservativo y, en situaciones concretas, la marcha atrás, o, se usa la píldora y, ante descansos u olvidos, la marcha atrás. Esta práctica (como el uso inconsistente del preservativo o los olvidos de la píldora) rara vez es captada por las encuestas y, sin embargo, es central para comprender el recurso a la píldora del día después (o de urgencia) y las tasas de interrupciones voluntarias de embarazos (IVEs).


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