Saber contar una historia, armarla bien, adecuarla al interlocutor, sacrificar la verdad a la verosimilitud: éstas son en muchos casos condiciones necesarias –no suficientes- para librarse de las miserias adicionales que comporta la miseria. Mentir a quienes deciden para que no te hundan más en esa lucha desigual entre relator y juez. Y cuando dices la verdad, guardarte mucho de a quién se la dices, en qué condiciones; elegir el momento, el lugar y el interlocutor. Paradójicamente las condiciones para decir verdades son muy restrictivas.

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